Las familias detrás de las notas

12 años de Orquesta de Extremadura, además de ensayos y conciertos, han significado también PERSONAS, con sus FAMILIAS y sus VIDAS.

Hemos recogido algunas vivencias de familiares de trabajadores de la OEx, directamente afectados por la incertidumbre de este último año y con el ojo puesto a lo que podría significar la desaparición de este importante instrumento cultural en Extremadura.

#SomosOEx #SomosPersonas

Fila 11 lateral izquierdo

Ronda los 70 años, es bajita y pizpireta y a pesar de que casi cuatro décadas nos separan, nos hemos hecho amigas. El azar quiso que nuestros abonos de la Orquesta de Extremadura estuvieran uno junto al otro; fila 11, lateral izquierdo.

Como a mi amiga le duelen un poco las piernas al subir y bajar los escalones y no es fumadora, en los descansos se queda en su sitio a esperar a que empiece la segunda parte y yo, que tampoco fumo, le hago compañía. Durante esta temporada de abono, nos hemos contado de todo; hemos hablado de sus hijos, de la pasión que tenía su difunto marido por la música, cómo y cuándo enviudó y cientos de temas personales más. Durante esta temporada de abono hemos hablado de compositores, de música, de política, de la vida… es un placer intercambiar opiniones con ella y aprender de quien más que experiencias, acumula ya sabiduría en sus canas.

Ayer, después de que magistralmente la OEX interpretara “La incompleta” de Schubert, llegó el descanso y con él nuestras conversaciones que, inevitablemente y muy a nuestro pesar, esta vez versaron sobre la situación que atraviesa nuestra querida orquesta. Casi ruborizada me contó que su sueldo de viuda no da para mucho pero que comprar cada año el abono, es un capricho que no quiere dejar de permitirse… Se quejó amargamente de los planes de este gobierno para con “su orquesta” porque no le parece justo que la dejen morir… -La orquesta no les pertenece, no es suya, es de la gente- me dice en un tono más que airado… -los jóvenes tenéis que luchar, tenéis que ser fuertes y demostrarle a los que mandan que no todo son números, que existe un patrimonio que no se puede pagar con dinero y la orquesta es uno de ellos- La miro atónita con admiración.

Empieza la segunda parte. Silencio… y al finalizar, después de varios minutos de aplausos con el público en pie, la ayudo como cada jueves a bajar los escalones y tenemos que despedirnos porque en el próximo concierto ella no estará y puede que sea el último. Se despide diciéndome que rezará a San Judas Tadeo para que la orquesta vuelva en septiembre y podamos seguir disfrutando juntas de nuestra orquesta y nuestras conversaciones en la fila 11 lateral izquierdo. –Suerte- , me dice… -espero volver a verte en septiembre y que estés ya embarazada- porque mi amiga sabe que hasta eso, depende de lo que pase con la orquesta porque mi marido, es uno de los músicos. Gracias por tu pequeña lucha particular amiga, estoy segura de que en septiembre, nos vemos de nuevo. Un placer compartir la OEX contigo, ojala podamos seguir haciéndolo.

 Rocío Martínez Feito

Adiós a la OEx

Soy la mujer de un músico de la Orquesta de Extremadura. Mi marido ha estudiado durante 10 años, aprobó por concurso oposición una plaza en la Orquesta de Extremadura y, a día de hoy, estudia cada día para mantenerse en forma y llevar preparados sus papeles a los ensayos, tal y como es su obligación. Mi marido cobra alrededor de 1.500º y como él, el resto de compañeros que integran nuestra querida orquesta. Mis sospechas de que este gobierno quería acabar con la orquesta se hacen hoy patentes y leo entre el estupor y la indignación que puede que a la orquesta le quede menos de un mes de vida, gracias a los desmanes económicos de unos y la prepotencia de otros. ¿Dónde están los responsables? ¿Por qué tienen que pagar las consecuencias los músicos? ¿Es eso justo? Extremadura será, si llegan a cerrar la OEx, la única comunidad autónoma en España que carezca de una orquesta sinfónica. Tirarán por tierra uno de los mejores proyectos culturales y artísticos que tenemos en nuestra tierra, descabezarán la cúspide de una pirámide formada por escuelas de música, conservatorios, aficionados, abonados y amantes de la música en general y todo por una cuestión, en el fondo, de prepotencia porque estoy segura de que si la gerencia hubiera encaminado sus esfuerzos a estudiar los proyectos de viabilidad presentados, otro gallo nos cantaría. Solo le digo una cosa señora Rodicio, señora Nogales y señor Monago, con el pan de mis hijos no se atrevan a jugar.

Vietnamite (aparecido en el Periódico de Extremadura)

La historia de Rafael

Permíteme que te cuente mi experiencia personal con la música. Me llamo Rafael Cuéllar Francés, (sí, soy el hermano de Fernando), y pertenezco a una familia con una importante tradición musical. Mi abuelo Pepico fue músico militar durante la República, tocaba el clarinete, más tarde, debido a problemas de salud empezó a tocar el violín. Mis tíos cantaban, Pepe era un buen tenor y Rosarito una soprano, aunque tocaban también el piano, la guitarra, el órgano de la iglesia. Todos eran aficionados. Las veladas familiares devenían en auténticos conciertos en los que se cantaba desde los éxitos de Camilo Sexto a las Zardas para violín de Monti. En ese ambiente crecimos y, como era lógico, empezamos a estudiar música. Yo, que soy mayor que Fernando, elegí el oboe (por que se parecía al clarinete de mi abuelo), e inicié mi andadura por este camino musical. Primero fue un juego, que me permitió participar en las veladas musicales familiares (cuatro de los siete nietos de mi abuelo somos músicos), tocar en la banda de mi pueblo, y luego, se convirtió en una opción de vida profesional.

Cuando tenía 11 años escuché por primera vez una orquesta sinfónica en directo. Era en el Teatro Principal de Valencia, y tocaron el doble concierto para oboe y violín en Do m. de J. S. Bach. La impresión fue tan fuerte, que hoy, treinta años después, aún recuerdo aquella mezcla de timbres, expresividad, dulzura, sentimiento, !caramba!, cómo sonaba la cuerda!!. El oboe era Miguel Morellá, y el violín Félix Ayo. Cuando acabó, yo tenía claro que quería tocar el oboe como aquel señor (a la postre mi profesor), y disfrutar y hacer disfrutar a los demás a través de la música.

Hoy soy músico profesional, (he colaborado con las principales orquestas de este país y defiendo una cátedra de oboe en un conservatorio superior), y la música da sentido a mi vida (siempre lo ha hecho), pero tal vez, si no hubiese sido por aquella experiencia “transcendental” de escuchar la orquesta municipal de Valencia…

¿A cuántos niños va a privar el Sr. Monago de esa vivencia?

Su torpeza y falta de sensibilidad hacia la música son imperdonables.

Un fuerte abrazo desde Valencia, gracias por todo lo que nos habéis aportado, por vuestro tesón, por la lucha, por la dignidad, GRACIAS Y ÁNIMO!!!

Rafael Cuéllar

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Una respuesta a Las familias detrás de las notas

  1. Fernández dijo:

    “Siempre con la música”
    A la atención del señor Monago y las señoras Trinidad Nogales y Milagro Rodicio:
    Soy economista, profesora de UEX y, además, doctoranda en estudio sobre cuestiones de crecimiento económico. Tuve la gran suerte de crecer entre la música, no por tradición de profesión familiar, si no por pertenecer a una cultura donde la música y el baile son los pilares que ayudan a vivir dentro de una gran decadencia. Da igual la situación imperante, ante la música todos nos unimos y disfrutamos, no existen divergencias.
    Hago esta introducción por dos motivos, ya que me preocupo como economista y como ciudadana extremeña. En primer lugar me pregunto siempre si tales decisiones están sustentadas en estudios serios de viabilidad económica y social pues, desde luego, están ustedes contradiciendo a los expertos. En segundo lugar, el deterioro de la institución que hoy nos pertenece a los extremeños, cercenaría la única posibilidad de disfrutar en nuestra de una orquesta sinfónica de calidad, en tales momentos de pánico e incertidumbre, en el que, sin duda, los ánimos están cada vez más exasperados; sin contar que, además, nos harían padecer una vez más los errores de la mala gestión de quienes dicen preocuparse por el pueblo, los políticos.
    Siguiendo esta dicotomía y, ya que por razones de profesión también me baso en resultados, me pregunto, a modo de convencerme que realmente sustentan tales acciones en premisas serias, si han ya cuantificado la relación coste-beneficio de la existencia de la institución, tal como está hoy. Les reto entonces a hacerlo, ¿cuánto vale todo esto? :
    – Acercamiento de la música clásica a toda la región con un programa digno,
    – Inculcar el amor a la música clásica entre nuestros hijos,
    – Ampliación del conocimiento musical,
    – Disfrute de la música,
    – Mantener 60 familias que consumen y pagan impuestos en Extremadura,
    – Formación de calidad a músicos jóvenes
    – Ofrecer un panorama digno laboral para los futuros músicos
    Es desolador el verdadero lastre que le imputarían a la comunidad llevando a cabo la disolución o el menoscabo de la orquesta. Les exhorto a que nos convenzan de lo contrario.
    Sin duda, y por el bien de nuestros hijos: ¡QUEREMOS LA OEX!

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